“Todo lo que se hace desde el sentir y del pensar, es vivir.
Así también es el reflejo de lo que ha permanecido: un legado que yo mismo escribí.
Entregué mi corazón a Dios, en medio de una mareada desconocida, cuando ya no podía seguir navegando este barco solo.
Entonces, tuve que pedir ayuda a Aquel que hizo los cielos y todo lo que hay, para que Él tomara el timón.
Así fue como se forjó esta filosofía: con entusiasmo por conocer la verdad, por explorar todo lo habitable del universo.
Cada reflexión, cada oración, cada silencio y desvelo, todo fue hecho bajo Su voluntad. Como un padre orgulloso de su hijo, así siento a Dios conmigo.
No soy perfecto, ni lo seré. Tampoco mi obra será completa, pues el conocimiento no tiene fin.
Vendrán otros después de mí, que llevarán esta búsqueda más lejos y aportarán nuevas luces al mundo.
Pero yo, postrado ante Dios, he pedido ser uno más de los que izan la bandera, como un pirata que ha encontrado el tesoro: la verdad.
No para ser como los grandes, sino para ser parte de ellos, parte viva de la historia del pensamiento humano.
Espero, con la ayuda de Dios y mi esfuerzo, producir en vida más saberes, ideas y caminos para otros.
Porque no puedes mover nada si no crees, y menos aún si no lo pones en práctica.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.”
(Molano, 2025, p. 1)
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